La Lipoatrofia Semicircular es una enfermedad poco frecuente y sin causa directa conocida. Consiste en una atrofia o pérdida de grasa en una zona puntual del tejido graso subcutáneo del cuerpo situado sobre todo en la parte delantera de los muslos y posterior de los antebrazos. Las personas afectadas pueden detectarla a simple vista y por palpación. El efecto principal son unas pequeñas depresiones de las capas superficiales de la piel a modo de semicírculo y un aparente aumento de tamaño de sus venas periféricas.

Lipoatrofia semicircular y relación con los edificios

Los síntomas principales de la Lipoatrofia Semicircular aparecen en las piernas y los brazos, afectando al parecer en un mayor número a las mujeres, dado que la estructura del tejido graso en ellas es generalmente más laxa. La mayoría de facultativos coinciden en que la recuperación de la lesión comienza a producirse a partir de los tres meses, aunque los síntomas en seguida disminuyen cuando el afectado se aleja del lugar que está afectando a su salud.

La Lipoatrofia Semicircular es una prueba palpable de que un edificio está afectando a sus usuarios y, de hecho, los parámetros que se controlan para esta enfermedad son los mismos que para el llamado síndrome del edificio enfermo, una dolencia (no enfermedad) que aparece en las personas que, como usuarios de un inmueble, ven afectada su salud al cabo de un tiempo de estar en él y que, al dejar de hacer uso del mismo, comprueban que ésta desaparece.

Es frecuente la aparición de esta enfermedad en edificios donde los trabajadores realizan su jornada laboral en mesas o escritorios con numerosos dispositivos electrónicos (ordenadores, impresoras, iluminación de mesa, dispositivos telefónicos digitales,...) y abundante cableado eléctrico; es decir, se suele tratar de lugares de trabajo altamente tecnificados, ubicados normalmente en edificios de oficinas de nueva construcción o bien rehabilitados, que suelen disponer de climatización artificial y ventilación forzada.

La aparición de la lipoatrofia semicircular se relaciona directamente con la descarga electrostática a través del contacto entre los muslos y/o antebrazos con los cantos vivos del mobiliario de oficina. Estas descargas suelen estar por debajo del umbral de la sensibilidad del cuerpo humano, que oscila entre 2.500 y 3.000 voltios. Los entornos de trabajo con un bajo nivel de humedad relativa, mobiliario con elementos metálicos que hacen de conductores y cableado en contacto con la mesa o integrado en el mobiliario, son los más propicios para generar este tipo de descargas.