Todo en esta vida es vibración. Cada objeto, por su composición y su determinada forma, se va cargando de todas aquellas vibraciones que le van llegando del entorno; cuando llega al momento de saturación empieza a emitir o a deshacerse del exceso de vibración como si fuera una antena emisora. En un momento determinado existe en cualquier espacio una frecuencia única e irrepetible, ya que cada objeto está colocado en un lugar específico que solamente ocupa él. Esta onda o vibración se proyecta contra todo objeto y persona, y le afecta en positivo, en negativo o de forma neutra.

Las formas tienen la capacidad de vibrar y reflejar ondas de diferentes características y frecuencias, que son las que denominaremos Ondas de Forma (O.F.); estas O.F. no son por sí mismas creadas por las propias formas, sino que son inducidas en ellas por la interacción de las ondas del espectro electromagnético (incluyendo las propias emitidas por los seres humanos).

De una forma muy genérica diremos que las O.F. emitidas por formas geométricas simétricas suelen ser beneficiosas, y que las emitidas por polígonos y formas geométricas irregulares no compensadas suelen ser nocivas.

Las civilizaciones del Románico y del Gótico nos enseñan que los grandes maestros constructores no dejaban nada al azar; cuidaban y ajustaban escrupulosamente cualquier elemento que iba a ser parte integrante de cualquier ‘edificio sagrado’. Así, los templos situados en zonas altamente patógenas eran reconvertidos en lugares de salud debido a la emisión de forma resultante generada por las medidas, por las proporciones, por la polaridad de la piedra, por la orientación, etc… Poco a poco estos conocimientos se fueron perdiendo y su uso desapareció definitivamente en el Renacimiento.

Actualmente la investigación sobre las Ondas de Forma nos trae a nuevas conclusiones. Así, por ejemplo, los estudios llevados a cabo por la fundación francesa Ark’all (el mayor representante de la cual es el Doctor en física matemática e ingeniero químico Jacques Ravatin), han provocado que las llamadas “Ondas de Forma” pasen a denominarse “Emisiones debidas a las Formas (EdF)”. La razón es que, al parecer, no se trata propiamente de ondas, ya que no tienen carácter ondulatorio; estaríamos en realidad ante “emisiones” que nada tienen que ver con el electromagnetismo ni con ninguno otro tipo de energía conocida, es más, es posible que no pertenezcan al universo físico que conocemos, o dicho de otro modo, estas emisiones trascienden lo tridimensional. Del trabajo experimental realizado hasta el momento parece deducirse que las EdF (O.F.) interaccionan con la fuerza de la gravedad, con las corrientes magnéticas terrestres y con radiaciones comprendidas, o no, dentro del espectro electromagnético.

En resumen, las formas absorben energía, la modulan y la irradian. La sutileza de la energía emanada por las EdF dificultan su detección y es precisamente esta sutileza la que explica su poder de penetración, lo cual sugiere que actúan sobre los niveles más íntimos de la materia y en el caso de los seres vivos sobre los niveles celulares. Recordemos que todo el engranaje de la vida se sustenta en aquello más sutil, en lo más delicado, de aquí el gran poder de armonización o desarmonización de las formas.

Algunas características de las Ondas de Forma

- Las EdF (O.F.) acompañan y están asociadas a todos los fenómenos energéticos; por lo tanto una corriente de agua subterránea, una falla, un campo electromagnético o una emisión de rayos X van siempre unidos a una proyección de forma y a un poder de incidencia; esta emisión de forma podría ser tanto o más peligrosa que la propia emisión energética.

- La emisión de las formas puede ser transportada por toda una serie de objetos y, del mismo modo, puede ser detenida por los materiales más insospechados. Algunas emisiones pueden atravesar muros y objetos metálicos.

- Las emisiones de forma pueden ser amplificadas por altavoces, transformadores, solenoides (muelles de los colchones), etc. Un solenoide positivo (giro horario) no altera la fase de emisión. Un solenoide negativo (giro anti-horario) sí altera la fase de emisión.

- Determinadas formas pueden actuar como catalizadores, y por lo tanto acelerar o retrasar procesos biológicos.

- Las emisiones debidas a las formas se propagan en el espacio como vibraciones dirigidas y son muy penetrantes, hasta el punto de parecer que no hay escudo material inerte capaz de detenerlas. No obstante, de la misma forma que con las ondas luminosas y un prisma de vidrio, se pueden desviar las ondas de forma con un prisma de madera. Se pueden, también, concentrar con una lente convexa de madera. También tienen la virtud de ser reflejadas o desviadas por espejos, por lo que es recomendable no colocar espejos en las habitaciones.

- El círculo y la esfera son las formas más perfectas. Un círculo proyecta energéticamente una esfera y un cilindro. En cambio los semicírculos y las semiesferas emiten ‘negativamente’ por sus lados planos, por lo que deberíamos evitar objetos con estas formas.

- Todos los polígonos regulares de lados pares son formas polarizadas y por tanto, en principio, benéficas. Todos los polígonos de lados impares son formas despolarizadas y por lo tanto susceptibles de causar problemas.

- Cualquier dibujo que distorsione la figura humana emite “ondas nocivas”.

- Cualquier composición realizada con determinada intención proyectará la misma allí donde se encuentre.

- Las formas armonizadas cumplen mejor su función si son colocadas sobre lugares equilibrados geométricamente.

- Cualquier forma, por muy armoniosa que sea puede llegar a emitir “ondas nocivas” si llega a saturarse.

- Las emisiones de forma magnéticas cargan (vitalizan). Las emisiones eléctricas descargan (desvitalizan).

- Sólo hay una regla segura en relación a las EdF (O.F.): “No existen reglas”.

Curiosidades sobre ‘Las Formas’

Pirámides

Todos hemos oído hablar de las grandes pirámides de Egipto, pero existen pirámides en todo el planeta, excepto en Australia y en la Antártida. Son especialmente conocidas las pirámides mayas de Chichén Itzá en el Yucatán, las pirámides toltecas del Sol y la Luna en Teotihuacán o la gran pirámide de Cholula, todas ellas en México; pero también existen importantes pirámides en Arizona, Illinois, Alaska, Siberia, en China (especialmente en la provincia de Sen’ Shi), en el Himalaya, en las selvas de Camboya (Angkor), en Francia, en Inglaterra (cómo Silbury Hill, atribuidas a los templarios), etc....

Sin embargo, la obra maestra de la arquitectura energética piramidal parecen ser las grandes pirámides de Gizah, junto al Nilo, en el Bajo Egipto. Entre ellas destaca la gran pirámide de Keops. Dicen que en la ‘Cámara del Rey’, situada en el baricentro de la pirámide, se observan unas condiciones energéticas que desafían los conocimientos de la física actual.

Parece ser que el sutil impacto energético que causa el hecho de traspasar el umbral de uno de estos ‘espacios sagrados’ no pasa desapercibido para ninguna persona un poco atenta, prescindiendo totalmente de sus conocimientos o creencias. Lo que se denomina como «arquitectura sagrada» no se limita a buscar un lugar altamente energético, sino que su forma, color y diseño puede resaltar y amplificar esta sensación energética, convirtiendo el edificio (el templo) en un tipo de ‘central de energía’. Dónde parece ser más evidente este hecho es en las grandes pirámides.

Según las investigaciones de A. Bovis, una maqueta de pirámide puede momificar cualquier sustancia viva.

En relación a las energías telúricas, en la arquitectura profana (de edificios o monumentos no religiosos) se da especial importancia a la forma de la cubierta. Parece ser que hay formas positivas para la vida, y otras formas que son nocivas; en general, las formas convexas serían sanas para el hábitat humano y, en cambio, los diseños cóncavos serían peligrosos.

Así, por ejemplo, parece ser que los hórreos célticos, todavía presentes en Asturias, Galicia e Irlanda, con cubierta piramidal a cuatro aguas, son los que mejor conservan los granos, de manera similar a la gran pirámide. Parece ser que cualquier hórreo está siempre rigurosamente orientado con los puntos cardinales.



El número áureo

La arquitectura en todo el mundo, como la naturaleza, parece seguir las proporciones del número áureo (número de oro). Una visualización sencilla de este número es la serie de Fibonacci: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21... en la que cada número es la suma de los dos anteriores, y su crecimiento es aproximadamente igual a Phi (el número de oro), el valor del cual es 1,618...

El número Phi está presente en muchas estructuras orgánicas, como el crecimiento de una concha, la disposición de las nervaduras de una hoja, etc...

En la construcción de un inmueble, la proporción de sus dimensiones espaciales, internas y externas, tiene mucha importancia. Cualquier espacio con una altura, anchura y longitud en proporción de 3, 5, 8, tendrá siempre una mayor resonancia y armonía.

Esta energía invisible de las formas está implícita en el concepto de belleza general común de todos los pueblos. Se trata de algo casi tangible que provoca un impacto emocional que supone reacciones como para determinar que un espacio es imponente, estrechado, opresor, o por el contrario, acogedor. Es evidente que las formas de cualquier inmueble no son indiferentes; toda forma tiene una acción energética que actúa sobre nuestras reacciones, como puede pasar en las diferentes sensaciones recibidas por cualquier de nosotros al entrar en un espacio cuadrado, triangular, alargado, de techo excesivamente alto, o bajo, etc...



La lengua Hebrea

Dicen que la lengua Hebrea escrita emite en «vibraciones de forma» aquello que quiere decir, por las formas y por las combinaciones de sus letras.

No deja de ser, cuanto menos, curioso...